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Rescom, Comunicación Responsable, ya está en las redes sociales. Como empresa de comunicación, teníamos una cuenta pendiente con el mundo 2.0. que queríamos saldar. Nosotros mejor que nadie sabemos de la importancia de tener presencia en internet, por aquello de crearnos una imagen de marca, de aumentar el número de visitas de nuestra web, de tener una relación más directa con nuestros clientes,… Por todos estos motivos, hemos escogido Facebook para debutar.

Lógicamente, pretendemos usar nuestro perfil como altavoz de todas aquellas iniciativas, acciones y actividades de las que seamos protagonistas: cualquier campaña de comunicación que desarrollemos, la charla sobre habilidades en comunicación que impartamos o los resultados del rebranding al que hayamos sometido a uno de nuestros clientes. No queremos, no obstante, que nuestra relación con Facebook se limite a colgar noticias sobre Rescom, al principio de manera emocionada y compulsiva y posteriormente de un modo anodino y esporádico. No. Nosotros hemos venido aquí a hablar de nuestro libro.

En Rescom tenemos una opinión… bueno, dos opiniones, diferentes, pero con un elemento en común: políticamente hablando, son muy poco correctas. Nos gusta juzgar lo que sucede a nuestro alrededor, en general, y lo que se mueve en torno al mundo de la comunicación, en particular. De un modo corrosivo, sarcástico y nada autocomplaciente, porque creemos que gran parte de nuestros problemas nos los hemos ganado a pulso, y que de esta sólo podemos salir nosotros, apelando al buen periodismo. Al periodismo responsable.

Por tanto, vamos a opinar. Vamos a exponernos, a discutir sobre la comunicación responsable y los irresponsables que intoxican, sobre las verdades a medias, a hablar de aquellos temas que hace cuatro días eran noticia y ya no interesan, a no dejar que la ola del “periodismo ciudadano” nos arrastre a publicar sin contrastar,… En pocas palabras, a ser consecuentes con nuestro ideario. Sin pontificar, intentando hablar con datos contrastados, fomentando la participación de todos nuestros seguidores (que esperamos que acaben siendo alguno más que nuestros familiares y amigos) y, sobre todo, incitándoles a la reflexión. Intentando demostrar que el fin último del periodismo es invitar a los ciudadanos a pensar, no decirles lo que deben pensar.

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